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El juego, elemento fundamental en el proceso educativo (Abril-26) |
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Herramientas telemáticas para videoconferencias e impartir clase on-line. (ABRIL-26) |
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DUA Y metodologías alternativas para realizar unidades didácticas. Ed1 |
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La LOMLOE comprende un modelo de enseñanza aprendizaje centrado en el desarrollo competencial, en el que dejará de prestarse atención sólo a la memorización de contenidos conceptuales para avanzar hacia la aplicación de los conocimientos en situaciones reales. Debemos entender que la programación didáctica debe articular de manera coherente y contextualizada los elementos curriculares —las competencias específicas, los criterios de evaluación y los saber básicos—.
En este modelo es necesario el uso de metodologías alternativas y avanzar en uso de DUA, ODS para confeccionar situaciones de aprendizaje.
Tener este procedimiento dominado es lo que le permite al docente planificar un aprendizaje significativo a partir de una mirada interdisciplinaria y en atención a la diversidad, asegurando con ello equidad y calidad en la educación. Igualmente, la posibilidad de desarrollar una unidad didáctica LOMLOE potencia la autonomía profesional del profesorado, invita a reflexionar en torno a la práctica pedagógica y contribuye a la innovación educativa al posibilitar que los contenidos y metodologías sean trabajados en función de las características y necesidades del grupo de alumnado. También fomenta la evaluación formativa y competencial, factor clave del nuevo marco curricular, que pretende valorar el avance del estudiante en el desarrollo de competencias.

En enero de 2021, con el curso escolar 2020-2021 ya avanzado, entró en vigor la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre (LOMLOE) por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006 de 3 de mayo de Educación (LOE).
La nueva LOE resultante de de las modificaciones aplicadas, tiene un enfoque renovado, orientado hacia la igualdad de género, el interés superior del menor, defensa de los derechos de la infancia, la mejora continua de los centros educativos, la personalización del aprendizaje, la competencia digital y el desarrollo sostenible.
La LOMLOE solamente consta de un artículo, pero hace más de cien modificaciones a la LOE y, además, se encuentra plagada de disposiciones adicionales, transitorias y finales, que complican el en entendimiento de qué normativa, previa a la modificación o posterior, aplicar en cada momento del tiempo.
Así, tanto equipos directivos, como el profesorado en general se enfrenta de nuevo a la complicada tarea de gestionar los centros educativos y redactar documentación tan importante como las programaciones didácticas en un entorno legislativo que aplica cambios progresivamente.
Este curso quiere dar respuesta a ese reto al que se enfrentan los docentes y opositores, clarificando el conjunto de modificaciones que establece esta nueva ley, definiendo el momento en el que debe aplicarse cada uno de ellos en cada etapa educativa, y estudiando detalladamente el texto final resultante de la LOE, que contiene todas las modificaciones vigentes aplicadas en la misma.

Creemos que el objetivo prioritario de la formación es entenderla como un factor de mejora de la calidad de la enseñanza, al tiempo que elemento indispensable para el desarrollo personal y profesional del profesorado.
A lo largo de los años se ha considerado al aprendizaje como sinónimo de cambio de conducta, esto, porque dominó una perspectiva conductista de la labor educativa; sin embargo, se puede afirmar con certeza, que el aprendizaje humano va más allá de un simple cambio de conducta, debido a conducir a un cambio en el significado de la experiencia.3
La experiencia humana no solo contiene pensamiento, sino también afectividad y únicamente cuando se consideran en conjunto se capacita al individuo para enriquecer el significado de su experiencia.
Para comprender la labor educativa, es necesario, tener en consideración tres elementos del proceso educativo:
La teoría del aprendizaje significativo de Ausubel, ofrece en este sentido el marco apropiado para el desarrollo de la labor educativa, así como para el diseño de técnicas educacionales coherentes con tales principios, constituyéndose en un marco teórico que favorecerá dicho proceso.
Por ello, la presente actividad tiene como finalidad contribuir al mejor desempeño docente, ya que ello permitirá al profesorado desenvolverse al tono de los cambios dentro de las aulas, de manera que propicien en el alumnado aprendizajes realmente significativos y que promuevan la evolución de sus estructuras cognitivas.

Tradicionalmente la sociedad ha sobrevalorado la inteligencia de las personas en detrimento de otras cualidades de los individuos. En la escuela, hasta finales del siglo XX, se han priorizado los aspectos intelectuales y académicos de los alumnos, convencidos de que los aspectos emocionales y sociales pertenecían al ámbito privado y eran completamente independientes. Sin embargo, varias investigaciones han demostrado que ser cognitivamente inteligente no es suficiente para garantizar el éxito académico, profesional y personal (Extremera & Fernández-Berrocal, 2001; Goleman, 1995). Actualmente las emociones juegan un nuevo papel cultural en la sociedad de hoy en día, lo que ha contribuido a que la investigación dentro del campo de la Inteligencia Emocional haya prosperado significativamente en los últimos quince años.
Como educadores, observamos en el quehacer educativo que los alumnos además de diferenciarse en su nivel académico, también difieren en sus habilidades emocionales. Estas habilidades influyen en forma decisiva en la adaptación psicológica del alumno en clase, en su socialización, en su bienestar emocional e incluso, en sus logros académicos y en su futuro laboral. Es así que, diversos estudios han demostrado que las carencias de habilidades en Inteligencia Emocional afectan a los estudiantes dentro y fuera del contexto escolar.
La educación centrada en el aprendizaje de contenidos, ignorando las dimensiones no académicas de los alumnos, particularmente las emociones, ha mostrado su agotamiento. Se requiere un cambio en este sentido, lo cual solo será posible en la medida que la sociedad revalore el papel de las emociones como elemento primario, fundamental y sustantivo del proceso de aprendizaje.
Debemos tener claro que no se aprende lo que no se quiere aprender, no se aprende aquello que no motiva, y si algo no motiva se debe a que no genera emociones positivas que impulsen a la acción en esa dirección. Esta es la clave de considerar a las emociones como parte del aprendizaje, por derecho propio, en una necesidad que va más allá del ámbito escolar.
Aunque la escuela se propugna como el lugar idóneo para la promoción de la Inteligencia Emocional (Goleman, 1995), es importante recordar que el aprendizaje de las habilidades emocionales empieza en casa y los niños entran en el sistema educativo con diferentes niveles emocionales. Por esta razón, el docente se enfrenta no solo a enseñar sino, en muchos casos, a transformar las capacidades emocionales o las deficiencias afectivas de sus alumnos.
Este reconocimiento de los aspectos emocionales como factores determinantes de la adaptación de los individuos a su entorno, ha contribuido al surgimiento de un interés renovado por el estudio de la influencia de la inteligencia emocional en el rendimiento académico.
La investigación científica ha demostrado que la autoconciencia, la confianza en uno mismo, la empatía y la gestión más adecuada de las emociones e impulsos perturbadores no solo mejoran la conducta del niño, sino que también inciden muy positivamente en su rendimiento académico. (Goleman, 2002).
Para Vallés & Vallés, 2000, los efectos específicos de la educación emocional conllevan resultados como:

El uso de las tecnologías de la información está presente en el ámbito docente desde, prácticamente su aparición. El profesorado se ha ido adaptando a los cambios tecnológicos desde que se empezara a democratizar el uso de los equipos informáticos en los primeros años de la década de los 90. Se comenzó, en primer lugar, a utilizar aplicaciones ofimáticas en los centros educativos, avanzando hacia el uso de presentaciones proyectadas, bases de datos, internet, web, plataformas online, archivos en la nube, aulas virtuales etc. La evolución del software y el hardware, pues, nos han traído hasta este momento del tiempo en que nos encontramos, momento en el que tenemos las herramientas para elaborar todos los documentos programáticos y, en algunas áreas, todo el material para nuestros alumnos, mediante medios digitales.
Sin embargo, visto con perspectiva, aunque se ha avanzado mucho desde que aquellos primeros procesadores de texto en línea de comandos, el uso de las tecnologías de la información siempre ha sido estático y requería una entrada constante del usuario y no proporcionaba una retroalimentación avanzada ni adaptativa en sus respuestas.
La inteligencia introduce un cambio de paradigma, nos encontramos en un punto de partida desde el que se cambiará la forma de interactuar con los equipos informáticos, potenciando increíblemente la capacidad de desarrollo en cualquier ámbito o especialidad, utilizando el lenguaje natural para dar instrucciones a sistema capaz de entenderlo, actuar y dar respuesta en unos pocos segundos de una forma muy similar a la que haría un ser humano. La inteligencia Artificial, dicho en palabras de uno de sus grandes impulsores, Sam Altman, “La IA s una extensión de las capacidades humanas, que permite a las personas aumentar su creatividad, eficiencia y productividad, y que tiene el potencial de solucionar problemas complejos en áreas como la medicina, la educación, y el cambio climático”. Para Altman, la inteligencia artificial no es solo una tecnología, sino también un reflejo de la inteligencia humana, con el potencial de emular, e incluso superar en ciertos aspectos, habilidades complejas como el razonamiento, la interpretación del lenguaje natural y la toma de decisiones. Él enfatiza que, aunque la IA puede llegar a ser extremadamente poderosa, es crucial que sea desarrollada con responsabilidad, ética y transparencia. Según Altman, el objetivo final de la inteligencia artificial debería ser servir a la humanidad y mejorar la calidad de vida en todo el mundo, asegurando que sus beneficios se compartan de manera justa.
La inteligencia artificial, por tanto, transforma la forma en que los docentes interactúan con la tecnología y permite un enfoque educativo más dinámico, adaptativo y personalizado. La IA facilita la automatización de tareas repetitivas y administrativas, como la corrección de ciertos tipos de evaluaciones o el análisis de los resultados de exámenes. Esto reduce la carga de trabajo y permite a los docentes dedicar más tiempo a actividades pedagógicas que requieren creatividad y atención directa, como el diseño de actividades interactivas o el acompañamiento de los estudiantes con necesidades especiales.
Además, la IA permite la creación de experiencias de aprendizaje mucho más inmersivas y significativas, tales como simulaciones, prácticas de idiomas en tiempo real, o asistencia virtual en el aula mediante chatbots educativos que responden a dudas comunes, apoyando el aprendizaje incluso fuera del horario escolar. Los docentes ahora pueden ofrecer experiencias de aprendizaje que no solo captan la atención de los estudiantes, sino que también los involucran de una manera profunda y significativa.
Por último, la inteligencia artificial ofrece una oportunidad sin precedentes para analizar y reflexionar sobre el propio proceso de enseñanza. Con la ayuda de la IA, los docentes pueden recibir retroalimentación sobre sus prácticas pedagógicas, comprender qué métodos o estrategias están funcionando mejor y adaptarse continuamente. Esto no solo mejora la experiencia del estudiante, sino también el desarrollo profesional de los docentes, quienes se convierten en facilitadores activos de un aprendizaje adaptado y enfocado en los objetivos de cada estudiante.
En resumen, la inteligencia artificial en educación representa un salto cualitativo desde el simple uso de herramientas informáticas hacia una interacción dinámica y adaptativa, que transforma la enseñanza en un proceso más personalizado, eficiente y enriquecedor tanto para docentes como para estudiantes.