El uso de las tecnologías de la información está presente en el ámbito docente desde, prácticamente su aparición. El profesorado se ha ido adaptando a los cambios tecnológicos desde que se empezara a democratizar el uso de los equipos informáticos en los primeros años de la década de los 90. Se comenzó, en primer lugar, a utilizar aplicaciones ofimáticas en los centros educativos, avanzando hacia el uso de presentaciones proyectadas, bases de datos, internet, web, plataformas online, archivos en la nube, aulas virtuales etc. La evolución del software y el hardware, pues, nos han traído hasta este momento del tiempo en que nos encontramos, momento en el que tenemos las herramientas para elaborar todos los documentos programáticos y, en algunas áreas, todo el material para nuestros alumnos, mediante medios digitales.

Sin embargo, visto con perspectiva, aunque se ha avanzado mucho desde que aquellos primeros procesadores de texto en línea de comandos, el uso de las tecnologías de la información siempre ha sido estático y requería una entrada constante del usuario y no proporcionaba una retroalimentación avanzada ni adaptativa en sus respuestas.

La inteligencia introduce un cambio de paradigma, nos encontramos en un punto de partida desde el que se cambiará la forma de interactuar con los equipos informáticos, potenciando increíblemente la capacidad de desarrollo en cualquier ámbito o especialidad, utilizando el lenguaje natural para dar instrucciones a sistema capaz de entenderlo, actuar y dar respuesta en unos pocos segundos de una forma muy similar a la que haría un ser humano. La inteligencia Artificial, dicho en palabras de uno de sus grandes impulsores, Sam Altman, “La IA s una extensión de las capacidades humanas, que permite a las personas aumentar su creatividad, eficiencia y productividad, y que tiene el potencial de solucionar problemas complejos en áreas como la medicina, la educación, y el cambio climático”. Para Altman, la inteligencia artificial no es solo una tecnología, sino también un reflejo de la inteligencia humana, con el potencial de emular, e incluso superar en ciertos aspectos, habilidades complejas como el razonamiento, la interpretación del lenguaje natural y la toma de decisiones. Él enfatiza que, aunque la IA puede llegar a ser extremadamente poderosa, es crucial que sea desarrollada con responsabilidad, ética y transparencia. Según Altman, el objetivo final de la inteligencia artificial debería ser servir a la humanidad y mejorar la calidad de vida en todo el mundo, asegurando que sus beneficios se compartan de manera justa. 

La inteligencia artificial, por tanto, transforma la forma en que los docentes interactúan con la tecnología y permite un enfoque educativo más dinámico, adaptativo y personalizado. La IA facilita la automatización de tareas repetitivas y administrativas, como la corrección de ciertos tipos de evaluaciones o el análisis de los resultados de exámenes. Esto reduce la carga de trabajo y permite a los docentes dedicar más tiempo a actividades pedagógicas que requieren creatividad y atención directa, como el diseño de actividades interactivas o el acompañamiento de los estudiantes con necesidades especiales.

Además, la IA permite la creación de experiencias de aprendizaje mucho más inmersivas y significativas, tales como simulaciones, prácticas de idiomas en tiempo real, o asistencia virtual en el aula mediante chatbots educativos que responden a dudas comunes, apoyando el aprendizaje incluso fuera del horario escolar. Los docentes ahora pueden ofrecer experiencias de aprendizaje que no solo captan la atención de los estudiantes, sino que también los involucran de una manera profunda y significativa.

Por último, la inteligencia artificial ofrece una oportunidad sin precedentes para analizar y reflexionar sobre el propio proceso de enseñanza. Con la ayuda de la IA, los docentes pueden recibir retroalimentación sobre sus prácticas pedagógicas, comprender qué métodos o estrategias están funcionando mejor y adaptarse continuamente. Esto no solo mejora la experiencia del estudiante, sino también el desarrollo profesional de los docentes, quienes se convierten en facilitadores activos de un aprendizaje adaptado y enfocado en los objetivos de cada estudiante.

En resumen, la inteligencia artificial en educación representa un salto cualitativo desde el simple uso de herramientas informáticas hacia una interacción dinámica y adaptativa, que transforma la enseñanza en un proceso más personalizado, eficiente y enriquecedor tanto para docentes como para estudiantes.

 

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